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domingo, 23 de septiembre de 2012
Carta abierta a los argentinos
Cuando la gente grita enormes cosas desde la comodidad de su sillón, mientras quizá droga sus angustias e inunda sus penas con alcohol, creen que todo lo que sale en las noticias les afectan directamente. Y puteadas van y vienen, como si se defendieran de una "dictadura discursiva", y se sujetan a una pulcritud "Sancta", desde las comodidades de su sillón.
Tienen días difíciles económicamente, pero no dejan de comprar porro por montón y cerveza al mentón. Sufren la inflación pero la cerveza sigue siendo lo mejor. No pueden comprar dólares -eso le han enseñado sus ancestros-, pero no tienen un peso porque las deudas de sus tarjetas de crédito están copadas. Pero "saben" que esa medida los "afecta" enormemente. Creen porque leen budismo, hacen yoga, rezan al acostarse que su alma es santa y pura. Cuando priorizan su individualidad a su humanidad... si, porque cada uno de nosotros tenemos un pedazo de humanidad.
Cuando defienden la dictadura porque "me salvaron una vez de morir por un atentado de los guerrilleros" y su individualidad sigue siendo quien gobierna su humanidad. Creen que democracia es igual que "hacer lo que se me antoje, afectando al otro" y votar por lo que "más se me parezca lo mejor para mí". Pero lo más sorprendente es que tienen su humanidad, de una u otra forma tienen idea que las cosas se pueden hacer mejor, lo que pasa es que esperan que "otros" hagan lo mejor para la sociedad, donde ellos obviamente están.
Esas contradicciones y más son las que ha diario se vive en una ciudad como Buenos Aires. Con la calma y furia diaria voy observando esas contrariedades, desmemorias, irreflexiones. Y una luz se asoma al tener cerca personas que dan cuenta de ello; de la furia de la individualidad, sin embargo... la humanidad ahí.
Lo más preocupante es que ante esa individualidad los que mejor resultado sacan de la misma, son los empresarios que de humanidad saben poco, pero de dividir y triunfar saben mucho. Aquellos que instalan pánicos ajenos para hacerlos propios y crearlos como ciertos. Esos que siempre estuvieron junto a dictadores y usurpadores de la riqueza. Esos que temen que la democracia que ellos necesitan no esté más, aquella donde pueden dirigir la opinión pública hacia sus intereses privados. Esos que lograron derrocar “democráticamente” un presidente legítimo como Fernando Lugo en Paraguay... Si, acá cerca, porque seguro mucha gente que cree que en Argentina hay una “dictadura”, nunca han visto a sus vecinos como morían desaparecidos de mil maneras, porque la democracia estuvo ausente en su muerte fetal por décadas… y no sólo en la Argentina, sino en américa del sur y Centroamérica en muchas formas y deformas.
Cuánto daría yo por que en otros países en Latinoamérica existiera una mujer en la presidencia como Cristina Fernández de Kichner, con sus defectos y aciertos. Dicen de ella “yegua”, y otros como grabadoras irreconciliables con sus memorias sociales repiten ese eufemismo machista. Dicen de ella “soberbia”, pero no creen que si hubiese llegado a la presidencia como sor Teresa de Calcuta, la habrían bajado de la silla presidencial a las buenas… o a las malas… porque ella sabe que se confronta con xenofobias naturalizadas y ausencias democráticas anquilosadas.
Argentinos; pido un poco que salgan de sus mentes endogámicas y miren lo que pasó y pasa más allá de las fronteras -Paraguay, Bolivia, Chile, Honduras, Colombia-, imaginen lo que pasaría si esas pequeñas pero furiosas cabezas monopólicas siguen naturalizando su existencia en disfrazadas formas “espontáneas” de participación. Solo imaginen vivir en otro país suramericano. Y a partir de ahí, tomen las riendas de una posible y real Patria grande en cada uno, no de nuestros países, sino en cada uno de nuestros corazones, para que unidos dejemos atrás las dinámicas impuestas por un eurocentrismo en decadencia y reconciliémonos con aquellos que en nuestros pasados usurpamos sin misericordia y creímos que por el hecho de no tener escritura, su sabiduría era “satanería”. Argentinos; solo les pido que no permitan que su individualidad colme la humanidad que poseen, esa humanidad que disfruto en un mate y que me hace estar orgulloso de pisar sus tierras, como si fueran mías.
Henry Lee.
14 de septiembre de 2012. Buenos Aires, Capital Federal, Argentina, Sur américa.
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Cristina Fernández de Kichner
martes, 20 de diciembre de 2011
El día que los argentinos llegaron temprano - 19 y 20 de diciembre de 2001
Algo me inquietaba cuando me levanté el día de hoy. Inquietud que venía de días pasados ante la fecha que se aproximaba en Argentina; 19 y 20 de diciembre. Diez años del "cacerolazo" y la caída del presidente De la Rua.
Levantándome como todos los días -algo tarde lo reconozco-, me dirigí a inspeccionar en internet algo más que los correos electrónicos. Eran las noticias y recuerdos sobre esa fecha de 2001 cuando la gente con hambre y rabia, se levantaba para terminar de una vez por todas con un modelo que los tenia en la más absoluta desesperación.
Con cierto asombro noté que en internet existía poca referencia sobre ese acontecimiento. Solo memorias tenues de algunos columnistas en la prensa de referencia; La nación, Clarín, Página 12, El tiempo argentino.
Con sed de saber más del 19 y 20 de diciembre de 2001, busqué videos que pudieran darme imágenes reales, acontecimientos directos de lo que sufrió el pueblo argentino, la nación argentina.
Indagando por esos documentos.visuales, los suspiros y las lágrimas no esperaron cuando se ve cómo el pueblo, la gente, mujeres, niños, ancianos reclaman lo justo. Fueron imágenes crueles y virulentas, cargadas de sangre, sudor y estupidez política.
Argentina es bella, Argentina es gente; Argentina es dolor. Espontáneamente se reunieron en la Plaza de Mayo para exigir que cesara el horror social que tenía a la Argentina en una gran pobreza y desigualdad social.
Entre documentales memorativos de años pasados, llegué al documental Memorias del saqueo -confieso que del título no me gusta y no entiendo lo de "saqueo"- de Fernando Solanas. Éstos y los documentales vistos conmovían mi razón y mi corazón dando un declive de lo pretendido ser y lo surgido. De la admiración de un pueblo luego de diez años y el dolor de la brutalidad del Estado.
Sin más y conociendo de antemano la presentación de fotografías conmemorativas, remitidas en algunos foros, salí a la calle, a la Plaza Congreso para observarlas y tener de primera mano información sobre el 19 y 20 de diciembre de 2001.
Al llegar a la Plaza Congreso encuentro las fotografías, crueles, dramáticas, que evidentemente reproducían una realidad vivida hace diez años en la Argentina. Fotografías de madres luchando, heridos en la calle, muertos frente al congreso, sangre, dolor y lucha para cambiar la realidad que padecían -¿o padecieron?
Gentes de partidos de izquierda organizados para llegar a la Plaza de Mayo se concentraban en Plaza Congreso, dispuestos a recordar los muertos que la policía en su salvaje idea de preservar el "orden" asesinó. Seguro ellos no sabían que defendían un desorden creado por sus "superiores" y acribillaban a gente que quizá vivían cerca de sus casas en el barrio.
En la Plaza camino mirando todas las fotografías, tristes, sorprendentes; llevo ejemplares que compro sobre los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001 y una reflexión sobre la actualidad argentina.
Caminé de allí a la Plaza de Mayo, en la Avenida 9 de julio hay más fotografías de lo sucedido de allí hace diez años. Sigo y encuentro en una esquina que no recuerdo, un pequeño santuario a uno de los muertos en esa fecha de dolor argentino. Velas y flores pedían no olvidar aquella muerte.
Al llegar a la Plaza de Mayo aún hay espacio y me siento cerca de la tarima donde las arengas por el recuerdo sobre esos días era constante. Un árbol de navidad se encontraba allí y pensé "ahora que llegue la noche podré verlo prendido e iluminando una navidad más".
Empieza a llegar gente organizada y recurrente sobre la conmemoración y la memoria. La sorpresa fue grande cuando miro sus rostros, gente sencilla, obreros de diferentes lugares y algo muy particular... pocas cabelleras rubias se divisaban dentro de la multitud -por no decir escasas- dándome una idea de que estaba realmente con la gente más trabajadora de fábricas y empresas, organizadas por sus agrupaciones sindicales y quizá de diferentes organizaciones de derechos humanos o algo así. Allí me dí cuenta cuáles eran realmente los trabajadores de la Argentina.
Una amiga que vio por televisión la manifestación me dijo que hubo mucha gente y la plaza estaba llena. Yo solo veía la multitud a mi alrededor, pero jamás supe la cantidad en la Plaza de Mayo.
Leí las publicaciones que con gusto adquirí dentro de la marcha y entendí un poco por lo menos, la importancia de recordar, no solo los diez años del 19 y 20 de diciembre, sino las injusticias que no se han podido resolver para muchas personas de diferentes orígenes, eso sí, trabajadores de sol a sol.
Ya finalizando la marcha me acordé del árbol de navidad y esperaba verlo prendido a la noche... y lo logré ver prendido al final... pero en llamas...
Levantándome como todos los días -algo tarde lo reconozco-, me dirigí a inspeccionar en internet algo más que los correos electrónicos. Eran las noticias y recuerdos sobre esa fecha de 2001 cuando la gente con hambre y rabia, se levantaba para terminar de una vez por todas con un modelo que los tenia en la más absoluta desesperación.
Con cierto asombro noté que en internet existía poca referencia sobre ese acontecimiento. Solo memorias tenues de algunos columnistas en la prensa de referencia; La nación, Clarín, Página 12, El tiempo argentino.
Con sed de saber más del 19 y 20 de diciembre de 2001, busqué videos que pudieran darme imágenes reales, acontecimientos directos de lo que sufrió el pueblo argentino, la nación argentina.
Indagando por esos documentos.visuales, los suspiros y las lágrimas no esperaron cuando se ve cómo el pueblo, la gente, mujeres, niños, ancianos reclaman lo justo. Fueron imágenes crueles y virulentas, cargadas de sangre, sudor y estupidez política.
Argentina es bella, Argentina es gente; Argentina es dolor. Espontáneamente se reunieron en la Plaza de Mayo para exigir que cesara el horror social que tenía a la Argentina en una gran pobreza y desigualdad social.
Entre documentales memorativos de años pasados, llegué al documental Memorias del saqueo -confieso que del título no me gusta y no entiendo lo de "saqueo"- de Fernando Solanas. Éstos y los documentales vistos conmovían mi razón y mi corazón dando un declive de lo pretendido ser y lo surgido. De la admiración de un pueblo luego de diez años y el dolor de la brutalidad del Estado.
Sin más y conociendo de antemano la presentación de fotografías conmemorativas, remitidas en algunos foros, salí a la calle, a la Plaza Congreso para observarlas y tener de primera mano información sobre el 19 y 20 de diciembre de 2001.
Al llegar a la Plaza Congreso encuentro las fotografías, crueles, dramáticas, que evidentemente reproducían una realidad vivida hace diez años en la Argentina. Fotografías de madres luchando, heridos en la calle, muertos frente al congreso, sangre, dolor y lucha para cambiar la realidad que padecían -¿o padecieron?
Gentes de partidos de izquierda organizados para llegar a la Plaza de Mayo se concentraban en Plaza Congreso, dispuestos a recordar los muertos que la policía en su salvaje idea de preservar el "orden" asesinó. Seguro ellos no sabían que defendían un desorden creado por sus "superiores" y acribillaban a gente que quizá vivían cerca de sus casas en el barrio.
En la Plaza camino mirando todas las fotografías, tristes, sorprendentes; llevo ejemplares que compro sobre los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001 y una reflexión sobre la actualidad argentina.
Caminé de allí a la Plaza de Mayo, en la Avenida 9 de julio hay más fotografías de lo sucedido de allí hace diez años. Sigo y encuentro en una esquina que no recuerdo, un pequeño santuario a uno de los muertos en esa fecha de dolor argentino. Velas y flores pedían no olvidar aquella muerte.
Al llegar a la Plaza de Mayo aún hay espacio y me siento cerca de la tarima donde las arengas por el recuerdo sobre esos días era constante. Un árbol de navidad se encontraba allí y pensé "ahora que llegue la noche podré verlo prendido e iluminando una navidad más".
Empieza a llegar gente organizada y recurrente sobre la conmemoración y la memoria. La sorpresa fue grande cuando miro sus rostros, gente sencilla, obreros de diferentes lugares y algo muy particular... pocas cabelleras rubias se divisaban dentro de la multitud -por no decir escasas- dándome una idea de que estaba realmente con la gente más trabajadora de fábricas y empresas, organizadas por sus agrupaciones sindicales y quizá de diferentes organizaciones de derechos humanos o algo así. Allí me dí cuenta cuáles eran realmente los trabajadores de la Argentina.
Una amiga que vio por televisión la manifestación me dijo que hubo mucha gente y la plaza estaba llena. Yo solo veía la multitud a mi alrededor, pero jamás supe la cantidad en la Plaza de Mayo.
Leí las publicaciones que con gusto adquirí dentro de la marcha y entendí un poco por lo menos, la importancia de recordar, no solo los diez años del 19 y 20 de diciembre, sino las injusticias que no se han podido resolver para muchas personas de diferentes orígenes, eso sí, trabajadores de sol a sol.
Ya finalizando la marcha me acordé del árbol de navidad y esperaba verlo prendido a la noche... y lo logré ver prendido al final... pero en llamas...
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